martes, marzo 16, 2010

No existe Cecilia - Parte II

Disclaimer: Todo es ficción, mayor información leer primer post del blog.

He tenido que levantarme temprano, solo he dormido unas horas para ir a la agencia de Cruz del Sur y cambiar la hora de mi pasaje. Una señorita muy amable me pregunta hasta cuando pospone la fecha de mi viaje y yo no sé que decir. Ella al notar mi indecisión y la impaciencia del resto de personas que esperaban, me pregunta si prefiero dejarlo con fecha abierta, es decir, podía viajar cualquier día en seis meses como máximo. Yo le agradecí con una sonrisa la ayuda y salí con mi boleto de fecha incierta, pero más incierto aún era lo que debía hacer.

La noche anterior la había pasado muy bien, luego de comer algo en un café abierto 24/7, como dicen los gringos, dejé a Cecilia en su casa. Llegué a mi cama cuando estaba amaneciendo, pero no pude dormir rápidamente. No sabía si posponer mi viaje o no, pero el recuerdo de ese beso en la lluvia me terminó de convencer.

Entonces estoy caminando por la calle, en una mañana soleada, con ojeras cubiertas por mis lentes oscuros y una sonrisa tonta en los labios. Mi celular vibra y antes de contestar ya sé quien es.

—¿Cómo estás Santi? —la voz de Cecilia tiene un tono neutro. —¿Viajas hoy?
—Te dije que me quedaría.
—Pensé que lo decías por decir.
—Yo también, pero ya he pospuesto mi pasaje, así que me quedo.
—¿Tienes tiempo?
—Sí, no tengo nada que hacer.
—Pásate por mi casa.

Así empezó mi quinto día en Arequipa, de un viaje planeado de cuatro días.

Las siguientes dos semanas pasaron rápidamente. Mis días se repartían de esta manera: Mañana y media tarde con mi familia, el resto de la tarde y noche con Cecilia. Fuimos al cine a ver varias películas, primero a insistencia mía, para pavonearme un poco por mi tarjeta dorada, que al final solo llegué a usar la primera vez. Pues Cecilia se empecinó en hacer la cola para comprar los boletos todo el resto de veces, para fastidiarme y reírse de mí. Yo feliz, pues verla reír estaba en mi top five del día.

También salíamos por las noches a beber algo y bailar un poco, ella prefería bailar y no beber nada, y yo lo inverso, pero conseguimos un punto medio satisfactorio para los dos.

Y conversábamos mucho en estas salidas, creo que era lo que más disfrutábamos, porque teníamos visiones muy diferentes de la mayoría de cosas y era refrescante su sinceridad y fiereza con la que defendía su punto de vista. En especial le molestaba mi “supuesta liberalidad”(Cecilia hacía las comillas con los dedos cada vez que podía) y yo hacía lo posible para ganar los debates sin despeinarme, en especial en temas espinosos como el de esta noche. El tema salió gracias a un comentario “ocurrente” que hice acerca de la medida oficial de tiempo de enamorados-primer encuentro sexual.

—¿Y cuando según tu cronograma oficial piensas pedirme la prueba del amor? —me pregunta con tono irónico.
—No tengo ningún cronograma ni nada, solo fue un comentario achispado —respondí entre risas. —Además por si ya lo olvidaste, ya hemos tenido la prueba del amor.
—Hace años, la primera vez que estuvimos, y solo fue una vez, antes de que me terminaras.
—Ya te dije, fui un idiota y la distancia.
—¿Con cuántas chicas... —empezó a preguntar.
—No, no, esas preguntas nunca acaban bien, si yo te hubiera preguntado eso no me habrías respondido.
—Con dos —me dice desafiante.
—¿Con dos qué?
—Solo he estado con dos chicos. Tú y el papá de mi hijo.
—¿En serio? —pregunto y tomo un sorbo de mi cerveza —¿Y con cuántas chicas?
—Idiota —me dice con una sonrisa.

El taxi nos lleva a la casa de Cecilia y la acompaño hasta la puerta, ella actúa un poco raro, porque se demora más de lo normal en abrir la puerta. El taxista me hace señales con las luces, casi una clave Morse. Traducción: te demoras más te cobro más.

—Ceci, el taxi me está esperando —le digo.
—Dile que se vaya —me susurra.
—Pero.... —me corto al ver la intensa mirada de Cecilia. —Ok.

El taxista no está muy feliz, pero un par de soles más lo tranquilizan, incluso me desea suerte con una sonrisa calenturienta.

Cecilia ya abrió la puerta y me hace señas para entrar, yo intento hablar, pero ella me pone un dedo en la boca, yo le hago caso y no digo nada. Me coge de la mano y me guía por el primer piso de su casa. Entramos a una habitación con un par de libreros y un escritorio de madera.

—Aquí estudio —me susurra.
—¿Qué estamos haciendo aquí? —susurro también.
—No me digas que eres tan lento —me dice con una sonrisa pícara.
—Tu mamá está arriba, si se despierta nos mata.
—Son las dos de la mañana, está en media noche.
—Pero... —empiezo a protestar.
—Santiago, esto va a suceder contigo o sin ti.
—¿Cómo es eso?

Cecilia se ríe y me besa.

—Es una frase que escuché en Two and a Half Men —me explica en el oído. — No me pude resistir.

Yo le beso el cuello y las orejas, ella entierra sus manos en mi cabello.

—Me estoy volviendo a enamorar de ti —me dice con una voz agitada mientras me desabotona la camisa.

Y yo le creo.

3 comentarios:

  1. Yo, la anónimaMar 29, 2010 11:56 PM

    No vas a continuarla?

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  2. Lo haré pronto, falta una parte o dos. Gracias por leer y dejar comentario. Saludos.

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  3. Scarface, genial hombre!!!!!se parece ala historio de mi un amio muy querido, mi mejor amigo,,,siguela!!

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